miércoles, 27 de noviembre de 2013

Un Paseo por la Mitología Nórdica


        Cuando los dioses vivían, eran ellos mismos la reencarnación en la tierra del Cielo y del Infierno. Como en todas las mitologías paganas, los dioses eran una conjunción de sabiduría divina, ambiciones humanas y fuerzas infernales. Eran seres que representaban e identificaban al pueblo que los veneraba. Creaciones de la mente que modelaba personajes que no eran otra cosa que la forma viva de las propias virtudes, vicios, comportamiento, carácter, ideas, propósitos y deseos. Así, todas las características ancestrales y heredadas –lo que Jung llamó el Inconsciente Colectivo-tomaban forma humana, viva e independiente. Por esto, los dioses crecían y caían, reinaban y eran derrotados, y sus rasgos se redefinían continuamente. Es que estaban vivos en la mente del pueblo, y evolucionaban a la  par.
        Así, la narración mítica de batallas o enfrentamientos entre una y otra deidad, o entre grupos o razas distintas de dioses, era  la versión poética de las batallas entre tribus que profesaban cultos a diferentes divinidades.

Ilustración de Lorenz Frølich, 1895


                                             Cuando los mitos poéticos teutones  cuentan sobre las alternativas de las guerras entre los VANIR y los AESIR      -razas de dioses que, en un comienzo, estaban   enfrentadas, y que también se los llama Vanes y Ases, respectivamente-, están transmitiendo datos históricos, que van más allá de su carácter mitológico. Están remontándose a la época en que los pueblos que habitaban la zona de Germania, a orillas del Mar del Norte, -los sabios VANIR- fueron invadidos por tribus provenientes de la llanura del Don, en la Rusia meridional, que llegaban con el culto a Odín y su panteón de dioses guerreros, los AESIR.                                      
El pueblo y sus dioses, guerreros y lujuriosos, sabios y también erráticos, respetuosos de la naturaleza y, aun así, muchas veces violentos, fuertes y aguerridos, y protagonistas de una cosmovisión total, divina y brutal, dignamente pagana.
Internarse entre los dioses de la mitología escandinava, observar la personalidad de cada uno de ellos y conocer sus anécdotas, es sumergirse en las más profundas creencias y sentimientos de los teutones, el pueblo de las runas.

Manual de Runas






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